Definiendo la Democracia: El Deber Cívico

El deber cívico comienza con la votación, pero existe una multitud de otras herramientas que las personas pueden y deben usar para promulgar el cambio en nuestra democracia, incluidas las protestas, el voluntariado y postularse a cargos públicos.

Cuando entramos en una cabina de votación y salimos a recibir nuestra etiqueta de “Yo voté”, hemos elegido a nuestro representante. Hemos cumplido con nuestra responsabilidad, ¿o no? Las elecciones no son el único paso, ni siquiera el último, para construir una democracia. De hecho, las elecciones son simplemente el primer paso, una entrada a una democracia basada en el estado de derecho. El motor que impulsa la democracia entre elecciones es la gente que cumple con su deber cívico. Todos somos consumidores de la democracia. También debemos ser un productor de la democracia.

Nuestro deber cívico es ese conjunto de responsabilidades (incluidas las protestas, el voluntariado y postularse a cargos públicos) que tenemos como individuos que pertenecen a una comunidad. Y usamos ese deber para abordar cuestiones de interés público y promover la calidad de nuestra comunidad que, a su vez, mejora nuestro propio bienestar. Ese compromiso nuestro como ciudadanos es complementario a los deberes de nuestros funcionarios electos. Los funcionarios electos ponen en acción lo que sus votantes les exigen. Pero, si usted es parte de un grupo demasiado pequeño para tener un efecto en las urnas, o si su política fue derrotada en las urnas, o si su comunidad tiene demasiados problemas para ser tratados de manera efectiva por un funcionario electo, entonces debe tomar medidas para cumplir con su deber cívico y mejorar su comunidad.

En una narrativa anterior de Definiendo la Democracia, discutimos la importancia de votar. Pero además de votar, hay muchas otras formas en que podemos ayudar a fortalecer nuestra democracia. Cada estadounidense tiene una caja de herramientas a la que puede acceder para hacer oír su voz, ejercer su influencia y consagrar sus valores en el mundo que lo rodea. Es nuestro privilegio y nuestro deber utilizar estas herramientas para efectuar cambios tanto en el país como en el extranjero.

Cuando los estadounidenses protestaron por la expansión del sufragio femenino, la expansión de los derechos de los afroamericanos en el movimiento por los Derechos Civiles, la expansión del derecho de contraer matrimonio para los estadounidenses LBGTQ o la protección de la libertad de religión, los ciudadanos jugaron un papel clave en el avance del cambio. Esto fue especialmente cierto cuando el gobierno al principio se mostró aprensivo, o incluso se opuso con fuerza, a cambiar su postura. Debido a que tenemos el privilegio de protestar pacíficamente en este país, debemos ejercer este derecho al igual que lo hicieron los valientes líderes que vinieron antes de nosotros. De hecho, cuando piensa en los eventos y políticas en el país que lo enojan o entristecen, ¿cómo aprovecha esa emoción? ¿Se queja en la mesa o suspira con indignación? Como estadounidense, tiene el privilegio de protestar, sostener un letrero, actuar y ver el cambio. También tiene el deber de hacerlo.

Junto con las protestas, también podemos ser voluntarios en las organizaciones que apoyan nuestros sueños para una América mejor. Al proporcionar fondos y acciones a organizaciones como UNICEF, El Ejército de Salvación, Heifer International y las despensas de alimentos locales y comedores de beneficencia, ayudamos a llenar un vacío en el tejido estadounidense. Al ser voluntarios, en primer lugar ayudamos a los necesitados y al mismo tiempo mostramos al gobierno dónde más necesitamos su ayuda.

La acción directa, como las protestas y el voluntariado, es una herramienta poderosa que no utilizamos suficientemente en nuestra democracia estadounidense. También nos ayuda a resolver una crítica común de la votación: que los efectos rara vez se ven. Si bien este es un concepto erróneo, también podemos complementar (en lugar de reemplazar) la votación haciendo cambios en el mundo real a un micro nivel.

Y si todo lo demás falla, ¡postúlese a un cargo! Si su representante lo decepciona, entonces quizás Usted pueda tener un impacto dentro del gobierno. Nuestros políticos provienen de diversos orígenes, de la agricultura, el trabajo legal, los negocios y las fuerzas armadas. Esta diversidad nos hace más fuertes, porque cuando damos voz a los muchos grupos de nuestra sociedad, nos beneficiamos de la discusión que surge de esa confluencia de ideas. Incluso si no llega a ocupar el cargo, sus ideas pueden ser adoptadas por otros e incluso llegar a provocar un movimiento.

Finalmente, no debemos olvidar a aquellos ciudadanos que sirven a nuestro país en las fuerzas armadas, y especialmente a aquellos que han hecho el último sacrificio para preservar nuestra democracia. Los veteranos y miembros de las fuerzas armadas brillan como ejemplos de deber cívico que luchan por nuestro derecho a usar las herramientas que nos han dado. Si no por los muchos beneficios tangibles que confiere el compromiso cívico, participe en la democracia estadounidense por aquellos que arriesgaron y dieron sus vidas para que pueda hacerlo en primer lugar.

Hemos visto cuatro formas diferentes de relacionarnos con nuestra democracia, pero hay muchas más formas de participar. Puede participar en debates políticos y ayuntamientos, interactuar con la PTA de su distrito escolar y donar a los políticos y las campañas que apoya. La forma en que decida participar (aparte de su deber de votar) no importa tanto como encontrar una forma que le importe a Usted. El “combustible” de la democracia es la participación y para mantener la democracia estadounidense en funcionamiento, necesitamos hacer algo más que votar. Necesitamos deliberación y compromiso. Encuentre una manera que le importe e intente involucrar a otros; nuestra democracia depende de ello.