Definiendo la democracia: Deber de votar

Votar en Estados Unidos es una práctica que está en el centro de nuestra vida cívica y en el corazón de nuestro deber como ciudadanos. Es cómo los estadounidenses ejercen su poder en nuestra democracia y efectúan cambios a nivel local, estatal y nacional.

Imagínese como un veterano de la Segunda Guerra Mundial. Después de Pearl Harbor, ha sido enviado al norte de África y luego a Italia para luchar contra los nazis antes de formar parte de las fuerzas que desembarcaron en Normandía en el día D. Perdió muchos amigos durante la guerra y cuando volvió a los Estados Unidos, prometió nunca dar por sentadas nuestras libertades y nuestra democracia. Eso significa muchas cosas para Usted, pero lo más importante, significa que nunca se va a olvidar de votar. No importa si la elección es para el consejo escolar local, el Senado estatal o el presidente de los Estados Unidos. Usted estará allí cumpliendo con su deber.

Con los años, sin embargo, se ha frustrado cada vez más porque las generaciones más jóvenes no se presentan en las urnas. Y esta apatía se refleja en otras partes de la sociedad, desde el servicio militar hasta la falta de respeto por las instituciones importantes del gobierno. Esa es su percepción, al menos.

Un día, habla con su nieto sobre las próximas elecciones presidenciales. Llamó para desearle un feliz cumpleaños y la conversación pasó rápidamente a la política. Le cuenta sobre la campaña política en las primarias en la que se ofreció como voluntario, aunque su candidato perdió. También le cuenta sobre las protestas en las que ha participado recientemente, en oposición a las políticas de inmigración del presidente. Se siente orgulloso de que su nieto haya estado tan comprometido políticamente. Como Usted, él no da por sentada nuestra democracia. Sin embargo, cuando le pregunta a quién le dará su voto en las elecciones generales, él responde que no votará. En sus palabras, “Ambos políticos son igualmente corruptos. Y el sistema está roto de todos modos. ¿Qué diferencia puedo hacer?” No puede creer lo que está oyendo. Simplemente no puede conciliar su activismo cívico con su negativa a votar. ¿Y por qué ni siquiera votará en las elecciones locales?

Desafortunadamente, en los Estados Unidos de hoy, no es difícil imaginar la conversación anterior entre un abuelo y su nieto. De hecho, las tasas de votación han sido deprimentemente bajas en los Estados Unidos durante décadas y la apatía de los votantes es alta. Las tecnologías que pensamos que ayudarían a impulsar la participación cívica, como Internet, no lo han logrado, y solo una quinta parte de los estadounidenses, parte de un estudio del Pew Research Center, han participado en más de cuatro actos políticos en un año. Además, muchos jóvenes que participan políticamente en eventos universitarios y movimientos de protesta, sin embargo, no se presentan en las urnas. Lo que hemos intentado hasta ahora no funciona, y las tecnologías que hemos introducido no nos han salvado, entonces, ¿a dónde vamos desde aquí?

Afortunadamente, muchas de las herramientas que necesitamos para combatir la apatía de los votantes están a nuestro alcance. Pero en lugar de usar una de nuestras nuevas aplicaciones de Silicon Valley, todo lo que tenemos que hacer es hablar con nuestros abuelos. O al menos, ese es un buen lugar para comenzar.

De hecho, si el nieto de nuestra bastante realistica hipótesis le hubiera preguntado a su abuelo por qué debería votar, se habría enterado del servicio de su abuelo en la Segunda Guerra Mundial. Pero probablemente habría ido más allá de eso. El abuelo habría hablado sobre el deber cívico; cómo le debemos a quienes nos precedieron ejercer nuestros derechos como ciudadanos. Podría haberle pedido a su nieto que pensara en nuestros padres fundadores que lucharon y murieron por nuestra independencia que pensara en las generaciones de aquellos en servidumbre y esclavitud que nunca tuvieron la oportunidad de participar en nuestra democracia; y que pensara en los líderes del movimiento por los Derechos Civiles como Martin Luther King Jr. o John Lewis que estaban dispuestos a dar sus vidas por el sufragio. Podría haberle preguntado a su nieto cómo puede justificar no votar cuando otros han sacrificado tanto por la oportunidad, dando sus vidas para asegurar la democracia en la que vivimos hoy.

Pero la conversación no habría terminado allí. El abuelo le habría dichoque votar tiene que ver con el deber y la responsabilidad, pero también con el cambio real y práctico e incluso con el interés personal. La idea de “que el sistema está roto” o “ambos candidatos son igualmente corruptos” no concuerda con la realidad. El abuelo habría explicado que la política no se trata de señalar las virtudes o la pureza ideológica, sino de hacer avanzar a la sociedad. Se trata de atenerse a las normas democráticas. Y se trata del progreso en una variedad de temas, desde la atención médica hasta el papel de Estados Unidos en el mundo. “¿Son estos dos candidatos realmente igualmente corruptos?”, le habría preguntado el abuelo a su nieto.

Y por último, el abuelo le habría recordado a su nieto que muchas de las causas por las que se preocupa y por las que probablemente ha protestado, son cuestiones sustancialmente estatales y locales. De hecho, en virtud del federalismo, ya sea educación, transporte público o el sistema de justicia penal, por nombrar solo algunas áreas de la política, lo más probable es que los problemas que le importan al nieto puedan verse afectados significativamente a nivel estatal y local. Y al negarse a votar en las elecciones estatales y locales, el nieto está renunciando a su poder como ciudadano para hacer una verdadera diferencia.

La apatía que ha invadido gran parte del país refleja un malentendido sobre el impacto que todos podemos tener si ejercemos nuestro poder como ciudadanos. También subraya el hecho de que, desafortunadamente, los estadounidenses han dado por sentada su democracia. Podemos entender cuáles son nuestros derechos como ciudadanos, pero ¿cuántos realmente aprecian que también tengamos deberes? Lo que necesitamos es entablar una conversación a nivel nacional sobre el significado de la ciudadanía, ayudando a volver a inculcar en todos nosotros un sentido de conocimiento y virtud cívica que es el núcleo del compromiso cívico. Esto puede parecer una tarea desalentadora. Pero todo lo que se necesita es una mente abierta y una llamada a nuestros abuelos para que nos encaminen hacia una ciudadanía activa.